sábado, 30 de abril de 2011

revelaciòn

y entonces un sábado a la mañana te das cuenta que sos una distraìda, maníaca y temperamental pero que la música que escuchabas a los 15 sigue estando invariablemente buena.

viernes, 29 de abril de 2011

miércoles, 27 de abril de 2011

maría, tirabuzón. maría.
un día de esos, eternos. por su violencia y por su silencio. por su cuidado en volverse detestable tan lentamente. el alimento de nuestros ogrontes hace metástasis cada dos cielos nuevos, y entonces nosotras...tan ilusas. creyéndolo todo. cuidando la vida que se acurruca en el jardín. creyéndolo todo, dos cielos nuevos para sostener el colapso. para silbar bajito, para que ahí, todos esos ogrontes.
pero si vos, maría, y el tirabuzón. y yo tan al encuentro. y no más de dos cielos, para que los ogrontes.


A.Todojunto

miércoles, 20 de abril de 2011

LA BRONCA


Victor Martinez, testigo clave en el caso del asesinato del Obispo Carlos Ponce de León durante la dictadura militar, se encuentra desaparecido desde el dia Lunes 18 de Abril a las 14 Hs.Vestía camisa blanca, pantalón y zapatos negros y un pulóver oscuro.

martes, 19 de abril de 2011

cosas que una piensa, sobre todo en los colectivos

Este verano también descubrí muchas cosas. Por ejemplo que me sale no llorar sino quiero y que aunque no lo haga no soy ni más fuerte ni menos debilucha y que si es algo controlable entonces no es interesante y que si el mundo se dividiera entre los que lloran y no, prefiero seguir siempre y sin dudarlo en la categoría de llorona. Que aunque no sea poético ni genial me gusta pensar que las personas pueden dividirse en categorías tan poquitas como dos y decirlo como si lo creyera para al rato hacer una categoría nueva y entonces estar dentro del grupo de personas que hace ese tipo de cosas y no en las que no. También que me gusta hacer listas como si de ello dependiera mucho mi vida y después ir tachando o dejarlas en el piso hasta hacer una nueva.

Que no me gusta vender nada y no soy buena para hacerlo, que hacer semáforo con malabares me parece que puede llegar a ser un trabajo tan desgraciado como cualquier otro cuando es la única opción y que no me gustan las únicas opciones.

Que viajar sola es crecer y madurar y aprender y estar atenta y ser responsable y son todas cosas que no quiero hacer todo el tiempo, pero que me gusta saber que puedo hacer. Que me da un placer inmenso cuando escribo, repetir palabras y no encontrar que arruinan la escritura. O mejor, encontrar placer en que no me importe que se arruine la escritura.

Aprendí que me gusta mucho comprobar que todo es soltable, y que puedo correr hasta romper el elástico. Que me gusta mucho y que siempre me termina por doler, inevitablemente, y que en el fondo el elástico no se rompe, se estira, te pega y te hace volver, pero aún así.

Que me encanta dar consejos súper románticos que yo jamás seguiría porque no me animo, porque todo lo anterior y más que nada porque la palabra romántico es horrible, no como romanticismo que no es cursi.

Que me gusta la lluvia, pero más me gusta cuando después de muchos días de llover aparece el sol. Y que al contrario me gusta que gusten de mi pero es tanto más divertido si no. Que muchas veces odio a mi familia pero me encanta que sea la que es y estemos todos tan locos. Que odio cuando la gente se autodefine loca. Que amo las contradicciones y a veces no las soporto.

Que siento culpa porque me guste escribir tanto acerca de mi, pero que no siento culpa por decir que no me gusta trabajar. Y que eso es porque aunque sea atea tengo una puta moral católica y no como Mathi que tiene una puta moral protestante. Que hay un montón de cosas en las que creo con el corazón y por culpa de ese bicho cultural y religioso todavía no las puedo sentir con el cuerpo. Que no quiero decir maldiciones machistas como putamoralcatólica pero que todavía me cuesta encontrar las que me gustarían espontáneamente. Que antes no me gustaba hablar mal, pero ahora lo encuentro divertido y qué vivan las malas palabras pero tampoco tanto como las hace vivir mi papá.

Que no me gusta escribir largo porque siento que aburro y no puedo entender que alguien dedique tiempo a leer mis palabras y lo mismo me pasa cuando toco la guitarra, nunca hago una canción entera, solo hasta el estribillo y mucho más rápida de lo que es, así se termina antes eso de cantar, que me escuchen, que me enjuicien ay. Que a veces tengo la autoestima baja y otras, dios sabrá por qué, no.

miércoles, 13 de abril de 2011

Soy la clase de persona que siempre tiene las uñas sucias. No importa cuàntas veces me lave las manos, la mugre no sale. Y si sale no alcanza a dar media vuelta que ya está de nuevo ahì para quedarse.

Me niego a ser la única que acarree un cepillito en el llavero.

No me canso, a mi pesar, de buscar explicaciones que màs bien son justificaciones por vacilar entre su carácter ciéntífico y moral, parecido a lo que Lacan decìa del psicoánalisis que se la pasa pivoteando entre la ciencia y la religión.

Entonces, los supuestos de mis uñas roñosas -ahora se me ocurre que quizàs una fuerza natural de atracciòn entre las palabras con letras inusuales como la ñ podrìa estar haciendo de las suyas- variaban en que: soy alguien que anda mucho por la calle y en bici (las manos transpiran y la mugre podrìa estar deslizàndose por debajo de las uñas); hago muchas cosas con las manos -sí, a partir del mono podrìa decirse que eso es normal-, que mis uñas -este suele ser uno de los argumentos màs recurrentes- tienen una forma especial que hace que quepa màs suciedad de la corriente porque por màs de que me las corte cortitas si quiero que no me duela la parte blanca y vacìa debe continuar ahì, lista para ser llenada.

Cada vez que pienso en este tipo de cosas miro alrededor a la gente que anda mucho por la calle, en bici, que hacecosasconlasmanos, que tiene uñas con la parte blanca... VACÌA.

Cuando veo que el mundo derrumba todas mis hipótesis, sòlo me queda por pensar que la sociedad me oculta cosas.

martes, 5 de abril de 2011

la frente marchita

Volvì revuelta. Me acostè a dormir con la bolsa de agua caliente, en los pies, la panza, la espalda.
No hay nada peor que el frìo de verano. Pronto me lo iban a hacer saber.
El triàngulo de las bermudas de entre la cabecera y la mesita de luz me advirtiò: puedes ir, volver todas la veces que quieras, pero yo seguirè aquì, a la espera. ¿Como los lagartos? le preguntè. No contestò, se limitò a devorar el termòmetro a la par que el mercurio me salpicaba la cara.