martes, 20 de octubre de 2009

el amante

Mis cabellos son abundantes, flexibles, dolorosos, una mata cobriza que me llega hasta la cintura. Con frecuencia me dicen que es lo más bello que tengo y yo pienso que eso significa que no soy guapa. Me haré cortar esa extraordinaria melena en Paris, a los 23 años, cinco años después de haber dejado a mi madre. Dije: corte. Cortó. Todo de un solo gesto, para pulir la obra la fría tijera razó la piel de la nuca. Cayó al suelo. Me preguntaron si quería llevármelo. Dije no. Después ya no me han dicho que tengo un hermoso cabello, quiero decir que ya no me lo han dicho tanto, como lo decían antes, antes de cortármelo. Después me han dicho: tiene una mirada bonita. La sonrisa también, no está mal.


marguerite duras

4 comentarios:

flash! dijo...

ya lo sabía... ah... el primer mundo

y del otro lado el mío, la mismisma india de los piojos colonos
te lo cortaste marian?
hace mucho no te veo
con extrañor
aye

Juan-D dijo...

me encanta leer aqui

e m i dijo...

ves, si yo explicaba asi la reduccion eidetica seguro promocionaba

marìa lluvia dijo...

asi como?